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domingo, 1 de noviembre de 2020

TRAVESIA CARAVACA DE LA CRUZ - MURCIA ( ULTRA COW FACE)

 

 

Basílica de Caravaca de la Cruz- Catedral de Murcia ( 93kms )

 No era nada solidario ni ningún reto de estos que se han puesto ahora de moda al haber suspendido prácticamente todas las carreras este año. Me gusta correr y cada cierto tiempo echo de menos vivir las sensaciones que me dan el correr durante muchos kilómetros y varias horas. Por esto lo he hecho.

En febrero hice la Transilicitana y tras decidir no ir a última hora a la PT281, donde iba a ser mi segunda participación, empecé a buscar alguna alternativa que no estuviese muy lejos de casa. Tuve la oportunidad de poder acompañar a Jesús Molina y Manuel Najas en la Gran Ruta de los Primeros Pobladores, un recorrido de 145 kms muy interesantes en Huescar (Granada), pero entre el calor que aún hacía en septiembre y que estos dos son unos mákinas y seguro que les retrasaba, preferí seguir buscando otra cosa.

Y se me ocurrió. Iría de Caravaca de la Cruz a Murcia, un recorrido que conozco bastante bien debido a que he participado en dos ocasiones en los 90k Camino de Caravaca. La única diferencia es que yo lo haría en sentido contrario, finalizando en la bonita Catedral de Murcia.

Lo iba a hacer en solitario pero mi ex discípulo Diego, un buen amigo con el que ya he compartido un par de ultras, me comentó de acompañarme y me pareció bien (a un siciliano no se le puede decir no, a nada). Más adelante, otro buen amigo de Ciudad Real, Miguel, perteneciente a mi club de adopción Corriendo por el Campo, con el que compartí muuuchos kilómetros el año pasado en la PT281, me dijo que también se apuntaba a la aventura, con lo que podría hacer mi segundo trío este año. Iría muy bien acompañado, esto sería el lado bueno. El malo?, que tenía claro que no iba a ir tan tranquilo como tenía planeado.

Miguel llegó por la tarde a Murcia y me lo llevé a conocer esta bonita ciudad y a tomar algo a un sitio típico, quedando encantado con lo que vio, incluyendo a las murcianas ( esto no lo lee Mónica, no Miguel?). Diego llegó más tarde a mi casa, les presenté a los dos y nos fuimos a dormir.

5.30 a.m., me levanto a desayunar y voy a buscar a Miguel que había dormido en su fergoneta en la puerta de casa (no quiso dormir dentro y eso que le hacía buen precio). Desayunó y nos fuimos a buscar a Diego a su hotel. El trayecto en coche a Caravaca fue entretenido. Diego nos comentó que no había dormido bien debido a una caída de la cama y a los ruidos extraños procedentes de las otras habitaciones (es lo que tienen los picaderos), por mi parte tampoco dormí mucho a causa de los nuevos vecinos estudiantes que no pararon de hablar durante toda la noche, si por lo menos hubieran estado de fiesta me habría parecido hasta bien... El  único que durmió mejor, Miguel en su furgo.

Ya en Caravaca buscamos un buen sitio para aparcar y vamos caminando con algo de frío por las bonitas y estrechas calles del casco antiguo en dirección a la Basílica. Saludamos a un señor que deambulaba a esas horas por ahí, nos hacemos unas fotos antes de salir y sin demorarnos mucho ya que hacía bastante fresquito, comenzamos la aventura.

En principio íbamos a hacer alguno que otro más.

Miguel y yo. Al resto no les conocemos (caballos del vino).

Dentro del recinto desde el que tomaremos la salida.

Entrando al recinto.

Momentos antes de partir. Caravaca de la Cruz, detrás.

 El plan es seguir las marcas del camino de Santiago y la vía verde del Noroeste hasta el kilómetro 70 donde seguiremos por la mota del río Segura. Yo llevo un GPS con el track de la carrera para los primeros 50 kms, el resto lo conozco bastante bien ya que entreno habitualmente por ahí y no me hará falta.

Desde el principio va la cosa como esperaba, o mejor dicho como no esperaba… Los parciales van saliendo bastante por debajo de 6’ km., cuando yo pensaba ir a 6.30 – 7 y encima esta primera parte es casi todo cuesta arriba. Pero que prisa llevan ?!!..

Llegamos a Cehegín (7.5kms) casi sin darnos cuenta a la vez que una simpática familia que van de paseo en bici y entramos en la parte más bonita del trayecto con bastantes árboles flanqueándonos y cruzando algún que otro túnel. Estos dos siguen con el mismo ritmo, fácil de seguir ahora al principio. 

En la parte más bonita.

Manteniendo las distancias.

Saliendo de Caravaca por la Alameda.

 Les comento que nos quedan 80 kms pero no me hacen ni p, caso. A Diego, que es el más novato de los tres le cuesta controlar el ritmo, se siente fuerte y va liderando el grupo. Veremos que pasa más adelante.

Llegamos a Bullas (23kms) en poco más de 2 horas y me despisto un poco entrando por donde no era y teniendo que callejear para volver de nuevo a la vía verde. 

Callejeando por Bullas.

Luciendo la camiseta del Club CxC (gracias Quique) junto a Miguel

 De momento no hemos parado en ningún sitio a repostar, lo haremos en el siguiente pueblo que está a pocos kilómetros. Aunque es temprano, el sol empieza a pegar y nos va sobrando ropa, fuera corta vientos y manguitos. Vamos entretenidos, mis amigos han conectado bien entre ellos pareciendo que se conocen de toda la vida (algo que ya imaginaba) y Miguel va aprovechando los conocimientos de Diego sobre agronomía para ir preguntándole cosas de las zonas de cultivo por las que pasamos.

Aunque lo parezca, no íbamos peleaos.

Cruzamos un nuevo túnel y llegamos a la Ermita del Niño de Mula (37kms) donde parece ser que hay una celebración con gente muy arreglada afuera. Seguimos, atravesamos una carretera y entramos a un bar a repostar, tomar algo y una visita urgente y necesaria al toilette.

Ermita del Niño de Mula. De celebración nosotros también.

 De nuevo en marcha siguiendo las marcas del camino y el GPS. Yo llevo bastantes molestias casi desde el principio en los dos Aquiles, un dolor soportable pero que fastidia y no me deja correr a gusto ni andar.

Vamos corriendo y estos dos empiezan a hacerme bullying alejándose poco a poco de mí. Yo tengo algo de experiencia en esto del correr y tengo claro lo que no hay que hacer, seguir su ritmo. Aún queda mucho y conozco muy bien mi cuerpo (son muchos años con el), sigo a lo mío controlándolos en la distancia, además, sé que son buenos chicos y me esperarán (soy el que conoce el camino y llevo el GPS). Cuando se ponen a caminar los alcanzo y cuando volvemos a correr, al ratito vuelve a pasar lo mismo y se alejan de mí unos metros.

Una de estas veces que vamos juntos, pasa a nuestro lado un todo terreno, con un señor muy simpático que se ofrece a llevarnos en el coche (le dijimos que íbamos a Murcia), declinamos amablemente su invitación y seguimos camino. Cruzamos la autovía por debajo de un puente y por carretera entramos en la ciudad de Mula (45kms) otra vez algo desviados del track. Paramos en un bar a reponer agua y nos vamos caminando tranquilamente hasta llegar de nuevo a la vía verde.

En Mula. Nos queda más o menos la mitad.

 Llego a Albudeite (51kms) en un poquito menos de 6 horas entrando por un barrio un poco chungo (ellos iban un poquito por delante), el GPS me lleva por una carretera que sale a la izquierda sin meterme dentro del pueblo.  A estos dos no los veo y no estoy seguro si han cogido el camino correcto. Mientras estoy pensando esto, me llama al móvil Miguel y efectivamente se han metido en el pueblo, les indico donde estoy y en nada nos encontramos y seguimos otra vez todos juntos.

Llegando a una casa con ganado nos adelanta otra vez el todo terreno. El señor de antes vive aquí y nos dice que si queremos agua o algo podemos pasar, la verdad es que da gusto que haya gente así, le decimos agradecidamente que no y continuamos. Estamos muy cerquita de Campos del Río (58kms). Subimos pegados a una carretera y entramos en el pueblo, sentándonos en el primer bar que encontramos abierto. 

Reponiendo fuerzas.

Como mira el perrito a Miguel.

Tomando el aperitivo.

  Comemos, bebemos, descansamos un rato y de nuevo salimos caminando por la calles de Campos. Yo me despisto siguiendo por la carretera en dirección a Los Rodeos donde un amigo mío tiene una casa, cuando deberíamos haber salido por la parte de arriba del pueblo y coger la vía verde por ahí. Conozco bien esta zona y atajando por una pequeña carretera a la izquierda llegamos a una zona con dos casas y una verja abierta en medio que las une. No sabemos si se puede pasar, le preguntamos al dueño de una de las casas, que creemos que se dedica a algo ilegal, por las cosas que vemos en su enorme jardín y nos confirma que tenemos que atravesar por ahí. Se lo agradecemos, cruzamos y llegamos de nuevo a la vía verde. Estamos en la zona de los badlands, que tiene su encanto con algún bonito puente. 


Cruzando un puentecillo.

El Siciliano.
 
El Madrileño.

Tocan unos kilómetros cuesta arriba y aquí el calor es más intenso aunque yo voy muy a gusto con una brisilla fresca que nos acompaña. Después de cruzar por la estación abandonada de Los Rodeos, mis casi ya no amigos vuelven a alejarse unos metros (no les vuelvo a invitar), yo sigo con mi ritmo cómodo y en cuanto el camino vuelve a ser falso llano hacia abajo los vuelvo a alcanzar. Llegamos juntos a Alguazas (70kms), entrando de nuevo por un barrio “peculiar”. Necesitamos reponer líquidos pero no encontramos ningún sitio a excepción de un bar en el que no nos atrevemos a entrar por la gente que hay dentro. Al final, unos chavales nos indican donde hay un chino y es donde compramos la bebida y chocolate (esto Diego que tenía antojo). Salimos sanos y salvos de esa zona y de nuevo corriendo cruzamos por un paso elevado la vía del tren hasta que el GPS nos sitúa de nuevo en la vía verde.

Pasando las vías del tren.

  Atravesamos un bonito puente de hierro y llegamos a la mota del río Segura. La parte que nos queda la conozco bastante bien. Llevamos 70kms y les comento a mis compañeros que desde aquí hasta La Ñora hay 20 kms y desde allí a Murcia 8, por lo que nos iremos a los 98 kms +-. 

En la mota del río tras cruzar el puente de hierro.


 Comenzamos a correr pegados al río y al poco tiempo mis compañeros se vuelven a alejar. Yo no puedo ir más rápido, sé que ya no queda mucho, pero llevo mucho dolor de aquiles y me desgasté bastante los primeros 30 kms a un ritmo que no era el mío por lo que voy bastante cansado. Cuando el río roza Molina de Segura alcanzo a los del bullying, hay que dejar la mota y entrar un poco en la ciudad otra vez por un barrio algo “singular” donde Miguel me dice que si soy asistente social por las  originales zonas por donde les hago pasar.

En Molina de Segura.

 Volvemos al río siguiendo su curso. Ya no voy haciendo caso al track que va por un camino sin tanto rodeo. Tenemos algo de retraso sobre la hora prevista de llegada y no tardará mucho en anochecer.

Aprovechando mis conocimientos de la zona, cojo un desvío a la izquierda que va recto en vez de seguir los meandros del río, sabiendo que coincidiré con mis amigos en un cruce más adelante y eso sucede. Salimos a la carretera de la Ribera de Molina para volver de nuevo a la mota unos metros más adelante, pero hay un problema, vamos un poco mal de tiempo y se nos va hacer tarde. Hemos reservado para cenar con la familia y si seguimos por el río llegaríamos con bastante retraso así que les comento a mis compañeros la opción de seguir por esa carretera hasta La Ñora y ahí volver a coger el río ahorrándonos unos 3,5 kilómetros (este río es que da muchas curvas).A  Diego, que confiesa que no va muy bien, le parece buena idea. A Miguel, que se le ve muy entero, de hecho parece que va de paseo con sus hijos, también le parece buena idea y eso hacemos, seguir trayecto por esa algo peligrosa carretera sin arcenes y bastantes cuestas.

Atravesamos la A7 por debajo de un puente y tardando algo más de lo esperado entramos por fin en zona habitada. Vamos callejeando buscando el camino más corto de nuevo al río y algún sitio abierto para que Miguel reponga agua. Quedan solo unos 10 kilómetros para llegar a nuestro destino final y de pronto, sucede algo inesperado que nos deja de anonadados.

Diego entra en crisis.

Que dice el tío que abandona, que él se queda aquí. Parece ser que va un pelín tocado y además cree que vamos algo perdidos, agobiándose un poco (precisamente en el lugar que más conozco de todo el recorrido, ya que vivo aquí). Nada, no se le puede convencer de continuar y le digo que todo recto a unos 300 metros está mi casa, que vaya allí y le llevan a su hotel, a mí me gustaría que acabásemos los tres juntos, pero en fin... Y  de pronto dice, venga que sigo, y se pone de nuevo a correr . Italianos…(menos mal que Miguel estaba avisado de como era Diego)

Pues nada, a seguir. Y bajando por la calle Mayor, llegamos a la bonita y antigua Noria de La Ñora y un poquito después al río, justo cuando mi GPS se queda sin batería (83.75 kms).

La rueda de La Ñora. Siglo XV

 El sol se ha marchado, quedan únicamente 8 kms para llegar y vamos bajando por un carril bici iluminados con el frontal del de la crisis.

Estos dos se alejan un poco de mí, la verdad es que con lo que queda podría apretar y engancharme a ellos si no fuera por los aquiles que me están matando, prefiriendo llevar un ritmo más tranquilo. Voy sin luz pero no tengo problema, habré hecho este recorrido miles de millones de veces y me lo conozco bastante bien. Me acerco de nuevo a mis compañeros. Diego pide disculpas por lo de antes y le decimos que no pasa nada, que a todos nos ha pasado una crisis así (esto es mentira pero es lo que se suele decir). El carril tiene marcado los kilómetros y se puede ver lo que va quedando, en mi caso no necesito mirar para saberlo. A unos 3kms, de nuestra llegada se puede ver al fondo la majestuosa torre de la Catedral iluminada, nuestro destino final. Las casas que bordean el río empiezan a aparecer, señal de que estamos llegando, queda una curva a la derecha y otra a la izquierda, el ruido de la autovía  a Cartagena también  se empieza a escuchar.

Comenzamos el tramo de Murcia Río con la ciudad  al fondo. Entramos en sus calles, cruzamos el Puente de los Peligros, pasamos por el lateral del Ayuntamiento y entramos en la Plaza del Cardenal Belluga con la imponente Catedral en el centro.

Objetivo conseguido. E inmortalizamos el momento con unas fotos que nos hace una amable señorita y sin perder tiempo nos vamos al hotel de Diego, que aunque está a menos de 2 kilómetros, decidimos ir en taxi (era porque llegábamos tarde, no porque estuvieramos cansados).

Objetivo cumplido.

 Como estos no quisieron compartir jacuzzi nos duchamos separados y esta vez  sí, caminando, nos vamos a cenar y a celebrar este bonito y completo día.

De cena, poniendo fin a un perfecto día.

 Gracias Diego y Miguel por vuestra compañía, me lo pasé muy bien con vosotros, antes, durante y después. Espero que repitamos esto en alguna que otra ocasión.

Abrazos.

lunes, 2 de marzo de 2020

TRANSILICITANA 2020 - 102 KM 2.213 D+



102 KM - 2.213 D+


Después de finalizar los 92k Camino de Caravaca, tanto mi compañero Diego como yo nos quedamos con ganas de repetir en una prueba de estas características (llanita, corrible y con mucho ambiente). Yo conocía la Transilicitana y llevaba tiempo queriendo hacerla, aunque por unos motivos u otros nunca había podido y este año  iría acompañado. El problema era que coincidía en fecha con la Yecla Trail, otra carrera que los dos queríamos repetir, por lo mal que lo hicimos en la pasada edición y también porque es una prueba bastante bonita. Lo pensamos y aunque a mí me hubiera venido mejor para mi preparación del UTMB la de Yecla (por su desnivel) decidimos inscribirnos a la de Elche.
Yo, en alguna cosas soy un desastre (bueno, en muchas) y cuando me quise inscribir, las plazas se habían agotado, (Diego se inscribió con tiempo). Contacte con la organización y nada, no era posible, pero me acordé de mi amigo Pedro (del Grupo Senderista los Tractores), un tío muy majo que conocí en el año 2013 en los 101 de Ronda  (fue el primer hombre con el que dormí), y sabía que él tenía muy buenos contactos. A los pocos días ya tenía mi plaza (gracias de nuevo Pedrito).

El día de la carrera, a las 6, recojo a Diego en su hotel (había venido con su familia desde Valencia a correr y pasar el fin de semana) y antes de las 7, aún de noche, estamos ya aparcados a escasos 100 metros de la salida(c.p.).  Vamos a recoger el dorsal, habiendo muy poquitas personas a esa hora pero con unos voluntarios muy animados y nos vamos a dejar las bolsas para el kilómetro 55. 

Recogiendo los dorsales.



Mientras bajamos tranquilamente caminando por el Paseo de la Estación, nos adelanta por la acera un coche que va marcha atrás con las luces apagadas. Nos quedamos mirando dándonos cuenta de que va sin conductor, Diego sale corriendo y avisamos a las personas que están al final del Paseo sobre el coche y entre mi compañero, otras personas y el conductor que llegó corriendo, logran detenerlo antes de que causase algún percance grave, menos mal que la pendiente era suave…

A punto de vestirnos para la ocasión.

Con mi amigo, el gran Pedrito.
 Volvemos al coche y casi con el tiempo justo nos vestimos para la ocasión, dándome cuenta de que mi botella de agua, la que llevaré durante la carrera,  está en la bolsa que he dejado antes (no he dicho que era un desastre?). Vuelvo a por ella, los voluntarios me dejan subir al camión a buscarla pero es imposible encontrarla con tantas bolsas y uno de ellos muy majo me “presta” una pequeñita suya. Aparte, Diego me compra otra en un bar situado al lado de la salida y por el precio (1.5€ 33cl) debía de ser agua bendita.

Si mirais bien..., detrás del de los brazos en alto estamos.

A puntito de salir.

La que me espera con este individuo...
 Nos colocamos de los primeros en el corralito, nos hacemos unas fotos y puntualmente dan la salida con mucha animación. Los primeros kilómetros son por asfalto saliendo de Elche y nuestro rítmo es algo rápido para ser una carrera de 102kms, bueno, ya habrá tiempo de aflojar.
Cruzamos un gran puente de hierro y bajamos una carretera por un carril bici. Aquí reconozco a un corredor con el que me pongo a hablar, es Eduardo, un triatleta de Santa Pola con el que compartí bastantes kilómetros el año pasado en la Ultra Bosques del Sur, que me confirma que también va a Chamonix este año pero a participar en la TDS. Él lleva un ritmo muy bueno y tras despedirnos, poco a poco, se va alejando.
Dejamos ya el asfalto y empezamos por camino con las primeras subidillas adentrándonos en una de las partes más bonitas de la carrera, pasando por una pequeña presa y un embalse e iniciando una de las dos subidas duras de la prueba que en está ocasión la hago caminando. Digo en esta ocasión porque esta subida ya la había hecho en un entrenamiento de la primera parte (35kms) guiado por Campos, un miembro de la organización y esa vez la hice toda corriendo (esto ya os indica que no era una subida dura, que esto de la dureza es algo muy relativo, como ya veréis más adelante).

En la primera subida.

A mi se me da un poco mejor que a Diego.
 La bajada es bastante cómoda y tras cruzar una pequeña carretera llegamos al primero de los avituallamientos en el que mi compañero se detiene, yo sigo, diciéndole que me adelanto para hacer un pipí. Me detengo a regar un arbusto y continúo corriendo tranquilamente por un camino esperando a que Diego me alcance. Me pego a dos corredores que creo reconocer, les pregunto y si, son ellos, los dos chicos que cuando me golpee la cabeza con una enorme cañería en el entrenamiento que hice, se pararon a interesarse por mí y me acompañaron hasta el final. Se acuerdan de mí y me preguntan por mi cabeza, comentándoles que al final, esa noche, tuve que ir al hospital y que tras varias pruebas me confirmaron que todo estaba bien y que mi tontería era anterior al golpe.

Aún mi compañero no me había alcanzado.
 Sigo con ellos hasta que llego a un nuevo avituallamiento donde sello por primera vez el pasaporte que llevamos los corredores y por fin llega Diego. Como algo de plátano, naranja, relleno el pequeño botellín de agua (el agua bendita la estoy dejando para más adelante) y salgo un poquito antes de que mi compañero termine de avituallarse, alcanzándome un poquito más adelante.
Saliendo del avituallamiento y esperando a Diego(donde estas??)
 Ahora viene  una parte por caminos y pequeñas carreteras. Nuestro ritmo sigue siendo bastante bueno y únicamente caminamos cuando es cuesta arriba. Dejamos el tramo asfaltado e iniciamos una cómoda bajada por sendero y tras cruzar una nueva carretera empezamos a bajar por una especie de barranco. Pasamos por el lugar donde me di el cabezazo, cruzamos por un sendero que va entre cañas y salimos a una carretera que va pegada a la vía del tren. 

Lugar donde tuve el percance entrenando (esta vez no pasé por debajo).


Siguiendo los pasos de mi compañero.

Vamos alcanzando a corredores y con algunos nos ponemos a charlar, Diego es el encargado de las relaciones públicas, no hay ser vivo con el que no hable.
Llegamos al bar Charly, donde está situado el avituallamiento del km.38 y 66. Está bastante animado, con muchas personas esperando a familiares y amigos. Aquí hay pasta para comer pero yo solo cojo un par de sándwich de jamón york y queso con coca cola, sentándome tranquilamente a dar cuenta de ello. Es un avituallamiento muy completo incluyendo una buena selección de dulces. 

Haciendo uso del completo avituallamiento.

Tras comer y descansar lo justo, seguimos nuestra marcha por estrechas y largas carreteras. Este paisaje me recuerda un poco a la PT281 que hice el año pasado, con interminables carreteras un poquito apartadas y algo solitarias, eso sí, aquí la distancia es un tercio de la de Portugal.
Diego se adelanta unos 30-40 metros, me río porque parece que vamos enfadados, llevamos más o menos el mismo ritmo pero él se suele adelantar como si no quisiese ir conmigo (los italianos son muy raritos). En una casa por donde pasa esta carretera nos encontramos con un avituallamiento medio improvisado en el que aparte de un café recién hecho en puchero hay alcohol de todos los tipos, invitándonos el responsable de ahí a que nos tomemos algo, pero es muy temprano para mí y agradeciéndoselo tengo que rechazar la oferta, Diego si se tomó un cafetito.
Seguimos nuestro camino y mi compañero se vuelve a enfadar conmigo y se adelanta unos metros. A mí me está costando mantener el ritmo y le dejo alejarse, me conozco y no voy a forzar porque después me pasa lo que me pasa, ya le cogeré, pienso. Correr tanto tiempo manteniendo un buen ritmo no me va muy bien, necesito algún tramo que me valga de excusa para ponerme a caminar pero en esta carrera es un poco complicado, es tan llanita... 


En una de estas largas rectas me encuentro con una pareja, son dos hermanos del club Los Tractores, Sergio y José Vicente, a uno de ellos le conozco y como Diego se me ha ido, hago esta parte hasta el avituallamiento en el km.46 con ellos. Al llegar al avituallamiento cojo otro par de sándwichs y me siento con Diego que estaba en un banco esperándome. 

Yo es que cuando corro me pongo cariñoso.
 Veo al otro lado, sentado en la acera a Campos, creo que no lo está pasando bien y me acerco a saludarle. Efectivamente, me comenta que ha tenido algún que otro problema por salir algo rápido y esto le ha pasado factura vomitando varias veces. Me despido de él deseándole que se recupere y junto a Diego salgo de nuevo en busca de la playa por la que tenemos que pasar.
En esta parte hay bastante carretera, cuesta ir tanto tiempo corriendo pero es bueno avanzar lo máximo posible ahora que vamos con fuerza para cuando el terreno se vuelva más complicado.
Esta zona reconozco que es algo feílla, mucha carretera, arcén, caminos sin mucho que ver…, y por fin llegamos a la playa, que yo soy más de montaña pero por lo menos se agradece que el paisaje cambie un poco. 

Disfrutando del bonito paisaje (aunque yo soy más de montaña).

Él es más de playa.
 Intentamos pegarnos lo más posible al agua buscando un terreno más firme y tras un par de kilómetros salimos de esta bonita playa y “cruzamos la pasarela” (parece operación triunfo) de madera que une la arena con las calles de la urbanización que está pegada a ella. Corremos cruzándonos con algún transeúnte que nos saluda y llegamos al punto donde hemos dejado una bolsa, en el km.55.
Solo cojo una botella de agua con gas, Diego se cambia de ropa y tras unos minutos de descanso y hacerme una foto para mis amigos de CxC, salimos de nuevo.

Solo fingía.

De momento todo va bien.
  Carretera, arcén y nos metemos campo a través por solitarios caminos sin mucho que ver, a excepción de algunos corredores con los que vamos coincidiendo y saludando. Nuevo avituallamiento en el que reponemos fuerzas mientras  hacemos nuevas amistades y sin demorarnos mucho a correr otra vez. 

Comiendo y haciendo amistades.
 Diego se va quejando de la rodilla izquierda, tiene problemas con la cintilla y yo tengo más molestias de las esperadas con mi Aquiles y una pequeña molestia en la ingle pero nuestro ritmo no decae. La temperatura es bastante buena, el sol ya está en todo lo alto pero el calor es suavizado por una ligera brisa la mayor parte del tiempo. Empezamos a oír “jaleo”, señal de que llegamos de nuevo al bar Charly, con más animación que la anterior vez que pasamos por ahí. La speaker nos nombra al llegar y nos disponemos a recuperar fuerzas con el amplio surtido de viandas que tienen en este avituallamiento atendido por unas voluntarias muy simpáticas. Me siento en un bordillo a ponerme esparadrapo en un dedo al lado de una chica que está dando masajes y Diego que sigue tocado de la cintilla aprovecha para darse uno, yo mientras espero, me como otro sándwich. Reponemos líquidos y salimos. 

Luego me confesó que no le dolía nada...
 Este último tercio de la carrera no lo conozco, solo hice entrenando los primeros 66 kilómetros y según me han comentado, esta parte también es bonita con una subida sobre el kilómetro 80 bastante dura??. Avanzamos por una especie de rambla y de bonita de momento tiene poco. Seguimos adelantando a participantes, ya le comente muy al principio a Diego cuando nos pasaban corredores que no tuviese prisa, que nuestro ritmo no era malo y que seguramente al final iríamos adelantando a bastante gente que seguramente a estas alturas ya irían andando. Se nos une un chaval majo, se llama Antonio, de Alicante. A lo lejos empezamos a escuchar música, parece una discoteca, pero es otro avituallamiento no muy oficial en una casa al lado del camino. Está atendido por unos chavales muy majos que tienen bebidas, frutas y una cacerola enorme con caldo con pelotas (albóndigas). Uno de ellos aparece con dos gin-tonics ofreciéndome uno, me lo pienso, pero no, tengo que rechazarlo, solo me tomé un caldito. 

En el avituallamiento de los gin-tonics.

Tomando calditos.
El caldo me ha sentado fenomal y tengo fuerzas renovadas. Me pongo el primero del trío por un sendero con sube bajas disfrutando mucho de este tramo. Tenemos que aprovechar para avanzar lo máximo posible antes de que anochezca y de que vengan partes más complicadas y la última subida. Subida que más que preocupado siento curiosidad por saber cómo es, según me han contado es bastante dura pero también me han dicho que se hace por carretera y por un camino lleno de piedras como las que hay en las vías de los trenes donde no se puede avanzar bien, no sé, ya veremos.
Al fondo, a lo lejos, vemos los toldos blancos del siguiente avituallamiento y en vez de ir en esa dirección, las balizas primero nos alejan por la izquierda por un cómodo camino en bajada. Vamos charlando con Antonio que nos comenta que es su primera carrera y que la ha preparado jugando al tenis y al futbol, haciendo únicamente un par de salidas largas el último mes, y aquí va el tío con nosotros...(voy a tener que replantearme mis entrenos). Subimos por una carretera, hacemos un giro a la derecha y por el arcén llegamos al avituallamiento justo cuando el sol ha desparecido.
Reponiendo fuerzas para afrontar la última subida.
 Me siento con Antonio a comerme una galletas y tomarme otro caldito  mientras Diego picotea de aquí y de allí (en el buffet de un hotel tiene que ser un espectáculo) tomándose su tiempo. Consigo que nos vayamos y salimos un poco antes que Antonio, iniciando una subida por camino. Me he traído un frontal un poco malillo que llevo en la mano sin encender y voy aprovechándome del de Diego, que de vez en cuando me lo va echando en cara (los sicilianos son así). Antonio nos alcanza y nos comenta que se va a adelantar porque se ve fuerte, nosotros seguimos con nuestro ritmo, corriendo en los tramos donde se puede y caminando en el resto.

Alcanzamos a un trío, dos corredores y una corredora yendo un rato con ellos. Me extraña que aún Diego no haya dicho nada, irá mal?, no, ya empieza a preguntar...
 Para nuestros tres compañeros en su primera ultra, van animados pero con la lógica incógnita de si serán capaces de terminar (los 3 lo hicieron), cuando lleven 20 su preocupación será qué camiseta ponerse y cuanto tiempo van a tardar, como a mi me pasa. No son muy habladores excepto la chica, Corina, una rumana que lleva varios años en España, habla muy bien español con un ligero acento, menos con los tacos que los dice perfectamente. Vamos un poco más rápido que ellos y lentamente nos alejamos.
No tengo ni idea de donde estaba mi compañero.
 Seguimos por esta fácil subida, de momento. Nos pasan unos ciclistas de la organización y  comentan que ya no queda mucho para llegar al final del ascenso, explicándonos lo que nos falta. Vamos como haciendo largos zig zags hasta que aparece una carretera y el desnivel se acentúa pero se avanza bastante bien, incluso adelantamos a  más corredores. Giramos a la izquierda y empezamos a subir por un camino que efectivamente tiene piedras como las de las vías de tren  pero sigue siendo una subida poco complicada y sin ninguna dificultad llegamos a una antena con una luz roja. Imagino que la “dureza” en esta parte de la que nos habían hablado algunos corredores, tiene que ver con que estamos en el kilómetro 89 y para el que vaya algo tocado se le debe hacer dura, sinceramente yo no la vi así y mi compañero tampoco.
La bajada no es complicada y la hacemos trota corriendo, aquí si tengo que encender mi frontal para tener mejor visibilidad.
Último avituallamiento, solo 13kms para meta.
 Llegamos al último avituallamiento en el km.90, yo no tenía pensado parar quedando tan poco para meta pero como mi compañero no se salta uno, me siento en una silla a esperar que se avitualle. Le meto algo de prisa y seguimos bajando hasta llegar a una carretera asfaltada en donde adelantamos a Sergio y José Vicente, los dos hermanos del club Los Tractores. Al fondo ya se ven las luces de Elche.
Los dos vamos con fuerzas y no paramos de correr adelantando a mas participantes que ya van caminando. Dos se pican con nosotros y cuando les adelantamos nos vuelven a adelantar, nos hace gracia esta situación. La verdad es que me da igual que ellos lleguen antes, aparte de que yo me voy reservando y a mi compañero le veo fuerte también.
Estamos entrando en Elche, ya es todo zona asfaltada. Vamos los cuatro por una especie de polígono acercándonos al centro por calles desiertas. No se ven  balizas y vamos siguiendo las indicaciones que nos marcan flechas blancas pintadas en el suelo. No debe de quedar ya mucho y seguimos corriendo a buen ritmo, incluso adelantamos también a Antonio que va un pelín tocado. Pasamos por una gasolinera y giramos a la izquierda bajando por un estrecho sendero hasta llegar a una amplia rambla. Pasamos por debajo del puente de hierro que cruzamos esta mañana  y salimos a una especie de estrecho paseo que va pegado a un canal. Diego se adelanta unos metros, se ha debido volver a enfadar conmigo, ahora con motivo ya que he estado usando gratis su brillante luz. Paso al lado de un voluntario que me informa de que quedan para meta unos 300-400 metros… ¡ostras!, voy a tener que dejar de reservarme, y me pongo apretar. Adelanto a los dos corredores y a Diego que  aprieta también y se me pone detrás. Llevamos un ritmo muy bueno para llevar tantos kilómetros encima, va pasando el tiempo y la meta no llega (ya he dicho en alguna ocasión que a los voluntarios no hay que hacerles mucho caso).
Una baliza indica que hay que girar a la izquierda, subimos unas escaleras y enseguida salimos a un paseo con una alfombra roja, nos cogemos de la mano para entrar juntos y Diego tiene el detalle de empujarme un poquito para que yo aparezca delante en la clasificación, con un tiempo de 14h59’51”.

Objetivo cumplido.

Antonio.

Sergio y José Vicente.
Pedro Molina.

Cuando vi el marcador me decepcioné un poquito ya que tenía pensado bajar de 13 horas, pero unos segundos después reconocí que no hice mala carrera. Comí muy bien, no me sentí mal en ningún momento y estuve muy bien acompañado durante toda la prueba, disfrutando mucho las casi 15 horas y la posición 165 de 1.000 participantes tampoco está mal. La única pega fue mi Aquiles que me dio la lata más de lo deseado y estuve un par de días con molestias, aunque el martes salí a correr y ya estaba totalmente recuperado.

La carrera fue más dura de lo que esperaba. estuvo muy bien organizada y balizada con unos voluntarios de 10. Os la recomiendo, sin duda.

Gracias tigre por la compañía (ya me dirás lo que te debo por lo del frontal), gracias a los miembros (c.p) del club corriendo por el campo por vuestros mensajes y a todos los que me seguisteis.

Dedicada a mi guapa fan número uno.